Sobreviviendo a un exorcismo

Vivir poseíd@ por nuestros silencios, es el peor de los demonios.

Venecia Garcés

12/22/20255 min read

Si bien el nombre de este titular suena demasiado “estruendoso” debo decir que lo que expondré en las siguientes líneas hará que tenga un sentido más de conciencia que religioso.

Según la palabra EXORCISMO en el Diccionario de la Real Academia Española su significado es: “Conjuro contra el demonio” y su raíz etimológica viene del griego antiguo exorkismós (ἐξορκισμός), que a su vez deriva de exorkízo (ἐξορκίζω), significando "hacer jurar" o "conjurar" a alguien, especialmente a un espíritu maligno, en nombre de un poder superior, pasando luego al latín tardío como exorcismus antes de llegar al español. Su raíz está en hórkos (ὅρκος), que significa "juramento", con el prefijo ex- que indica "fuera" o "desde", sugiriendo la idea de obligar a salir.

Y parto de esta breve explicación etimológica para dar entrada al maravilloso exorcismo.

Es estas épocas de fiestas, convivencias, ya sea por fin de año, la convivencia en familia, el compartir, por el aguinaldo, por la salida del sol en un momento de oscuridad, por el milagro de aceite de ocho días, o por el más conocido, el nacimiento del salvador; se presta para comenzar a pensar en todo lo que hicimos y no hicimos en el año, sin embargo de manera personal me llego a pasar que durante 31 años y que durante 31 navidades y vueltas al sol, muchas de esas vueltas siendo cristiana, nunca había pasado por un exorcismo tan duro, retador y confrontante como estos dos últimos dos años.

Muchos años, pasé desapercibidas cosas que se volvieron normales en mi actuar, pensar y creer, mucho de ello se convirtieron en ideas limitantes, otras que me motivaban a ser valiente y algunas otras a guardar silencio por mantener la relativa paz en la que yo podía controlar y manejar todos aquellos secretos que sólo me carcomían el alma y en lo más profundo de mi ser sólo me destruían poco a poco, apagando mi luz como si fuera una veladora peleando por seguir encendida en medio de un desierto con corrientes de aire a 1000kmxhra. Con tanto viento y arena se vuelve insostenible, no hay manera de mantenerla encendida por más que lo desees o por más que alguien venga y la encienda todos los días; mantener esa luz encendida se vuelve imposible con esa corriente.

Y justo estos dos últimos años exorcicé de la manera más violenta y feroz el peor de mis demonios, aquél que sabía que existía, pero nunca había hecho nada al respecto, aquél que ocultaba pero que siempre estaba presente en cada decisión, en cada paso del camino y en cada relación, amistad y experiencias de la vida.

Este “demonio” prácticamente dominaba mi vida, con base a él comencé a vivir y a establecer medios para alcanzar metas motivadas por el miedo y dolor.

Todo exorcismo según el cristianismo, conlleva expulsar el demonio; según los musulmanes conlleva hablar con espíritu y saber qué quiere y según los judíos a atraer la presencia de Dios para que el mal se aleje.

Pero algo que tienen en común las religiones más comunes en el mundo, es que el ente, espíritu, demonio o cualquier tipo de ser o criatura sobrenatural, para ser expulsado y liberar al encubador, es SUMAMENTE necesario saber su NOMBRE y saber qué es lo que quiere.

Mientras que en el cristianismo no se busca mucho saber qué es lo quiere el “ser”, los musulmanes y los judíos se basan en conectar con el “ser”, para saber qué es lo que quiere y guiarlo hacia la luz y de esa manera liberar a la persona de este espíritu, dejándolo con su libre albedrío y gozando de tomar sus propias decisiones y capacitado para poder tomarlas.

Y es que en la vida diaria esta parte de nuestro libre albedrío muchas veces se ve coartado por la variedad de interrupciones entre lo que queremos, el deber ser y lo que realmente es, que cuando ya tomamos una decisión ya esta tan tropicalizada, que al final, tu albedrío acaba siendo una churrada, pero nunca es lo que esperaste desde el principio.

En este proceso de exorcismo, viví etapas en las cuáles para empezar como cualquier exorcismo de película taquillera, comenzaba a ver los “síntomas”, aquellas cosas que me lastimaban y lastimaba, después despertar de momentos en los que no sabía cómo había llegado a tanto con tan poco, a vivir en un estado de consciencia limitado y poco centrado, aceptar que mi mente ya no daba para más y mi boca ya no podría callar aquello que mi garganta decía “suéltalo”, pero para eso tendría que saber qué “demonio” me atormentaba, después de ello, llevar un sin número de enfrentamientos hasta que llega el momento más importante, DARLE un nombre y aún más importante, DECIR SU NOMBRE, gritarlo, liberarlo, sacarlo y como bien viene la etimología -OBLIGANDOLE A SALIR-.

Dejarle en evidencia, mostrando tus heridas, corruptas por el dolor y la hostilidad, preguntándote, ¿cómo llegue hasta aquí, cargando todo esto?, aprovechando la oportunidad de vivir libre, de soltar, de mantener tu alma y tu mente saludable y en calma, dándole un sentido a tu vida más allá del miedo, y mucho más imponente que el mismísimo mar.

Darle un nombre a lo que nunca hemos querido nombrar nos hará libres, y bien lo dijo aquél Nazareno “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” “Veritas vos liberabit".

Estos parráfos más allá de un punto más a la liberación personal que llevo en mi sangre, es una invitación a los lectores que llegaron hasta aquí, a darle un nombre a sus miedos, a sus vivencias, a sus demonios y así tener PODER sobre ellos como sacerdote santo ante los demonios cristianos, y al tener poder sobre ellos, extraerlos, sacarlos, arrancarlos, gritando sus nombres, liberando, pero sobre todo SANANDO, sanando las heridas que dejo a su paso, reconstruyendo todo aquello que destruyo y construyendo todo aquello que nunca te atreviste a construir por el miedo a que llegara y lo destruyera.

Y tú, querid@ lector@ qué esperas para exorcizarte, para darle nombre a lo que sabes que está ahí, y que sólo diciendo su nombre te librarás, porqué al final sólo es eso, reconocer nuestras heridas, aceptarlas y aprender a vivir SIN ellas; porque vivir sin ellas también es un reto, pues también dejar de lado la historia que siempre nos hemos contado sobre nosotros mismos, es complicado y difícil enfrentarla, porque al aceptar que la historia que te has contado para “estar bien” es falsa, te obliga a aceptar que viviste en mintiendo, que quizás el mundo las creía, pero muy en el fondo, sabías perfectamente que la VERDAD, está ahí, y eso no lo puedes cambiar, pero sí liberar.

SOBRE TODO, puedes vivir sin esa verdad, porqué liberándola ¿qué más te puede poseer?